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Orígenes del maíz

 

Teocintle

Durante decadas, el origen del maíz y su domesticación ha ocupado a investigadores y los ha orillado en búsqueda de conocer más sobre este productivo cultivo. La línea histórica básica señala que el maíz se deriva del teocintle, raza Balsas (Zea Mays subespecie parviglumis) que es una planta rústica y silvestre, endémica en alturas bajas o medias del Suroeste Mexicano.

Mientras que esta teoría se sustenta firmemente en estudios genéticos, queda una gran incógnita, para no decir paradoja: Las criollos que genéticamente se parecen más al teocintle son aquellos de los Valles Altos, lugares donde la raza Balsas del teocintle no ocurre. Dicho de otra manera, los maíces de alturas bajas son genéticamente más distantes del teocintle que los de Valles Altos. ¿Qué puede haber pasado? ¿Acaso se extendía el nicho de la raza Balsas a los Valles Altos hace unos nueve mil años, cuando inició la domesticación del maíz? ¿O se domesticó el maíz en las tierras bajas, migró hacía el Altiplano y luego regresó a Tierra Caliente? Ninguna de estas dos hipótesis se antoja muy plausible.

En un artículo reciente, un grupo de investigadores ofrece una tercer explicación que parece resolver el dilema de una manera muy elegante e instructiva. Basado en análisis genéticos de un gran número de colectas de maíz y de dos razas de teocintle, la Balsas y la Mexicana (Zea mays subespecie Mexicana) llegaron a la conclusión que si bien el maíz se derivó originalmente de la raza Balsas del teocintle, siguió adquiriendo genes de teocintle después de haber sido domesticado. Específicamente, los maíces de alturas intermedias y Valles Altos fueron expuestas a un flujo de genes desde teocintle Mexicana que crece a alturas mayores que la Balsas y es interfértil con el maíz, de tal manera que los maíces de Valles Altos llegaron a contener mayor cantidad de material genético de teocintle que sus parientes en alturas menores.  Y como las dos razas de teocintle están emparentadas, la entremezcla de teocintle Mexicana en los maíces domesticados de Valles Altos, aumentó el parentezco de esos maíces también con la raza Balsas (Figura 1).

Figura 1

Este flujo de genes desde una planta silvestre hacía una domesticada, después de la domesticación, parece muy interesante en primer lugar porque contradice una concepción demasiado simplista de que la domesticación fuera una vía única de un solo sentido. Más bien, el maíz recibió genes de diversas fuentes, aunque relacionadas entre sí. En segundo lugar, resulta que los genes de Mexicana no solo ingresaron al maíz domesticado sino se mantuvieron ahí a pesar de la presión de selección que se supone ejercieron los campesinos. Esto hace pensar que dichos genes deben haber aportado algún beneficio al maíz, posiblemente precisamente la adaptación a alturas mayores.

Fuentes:

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