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Producción nacional de maíz (línea punteada azul) e importaciones de maíz desde EEUU. En millones de toneladas.

Hace algunas semanas, en éste artículo, prometí escribir sobre la historia del mercado de maíz en México. Es tiempo de cumplir.

En los años 80s fracasó terriblemente el modelo económico de la Sustitución de Importaciones, adoptado en México más o menos desde la nacionalización de la industria petrolera hasta la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, que entró en vigor en 1994. El Gobierno y con ello sus empresas, las llamadas paraestatales, como por ejemplo CONASUPO o BANRURAL, diseñadas originalmente para acelerar el desarrollo económico, sucumbían bajo el peso de la deuda, la falta de previsión, la ineficiencia, la corrupción y una serie de problemas relacionadas.

En los años anteriores a 1994 México ya importaba maíz. Las importaciones requerían una licencia otorgada por el Gobierno. Este proteccionismo desacoplaba el mercado interno del internacional. El precio que CONASUPO pagaba al productor de maíz en 1993 estaba en unos 680 pesos, equivalentes a 340 dólares por tonelada. El precio en el Chicago Mercantile Exchange estaba a menos de 100 USD por tonelada. En otras palabras, se pagaba al productor Mexicano entre 3 y 4 veces el precio internacional, lo que hacía el maíz bastante rentable incluso en zonas con poca aptitud para este cultivo. Recuerdo muy bien que en la Fraylesca, Chiapas, se sembraba maíz hasta en las partes más inclinadas de los cerros.

Al mismo tiempo, el precio al consumidor de la tortilla, estaba subsidiado; CONASUPO perdía dinero. El desperdicio y despilfarro de la tortilla era muy común, ya que ¡era más barata que el grano del que estaba hecha! Los más corruptos compraban grano al precio subsidiado a CONASUPO y se lo volvían a vender como recién cosechado, cobrando el precio alto al productor. Este tipo de problemas no eran exclusivos de CONASUPO, sino típicos de la Sustitución de Importaciones, de las paraestatales y del papel excesivo del Gobierno en la economía.

Además, el modelo proteccionista y de Sustitución de Importaciones causaba distorsiones del mercado. Mientras se protegía al productor de maíz, las engordas y granjas de aves no podían competir con la carne y huevo producido en el extranjero con granos baratos.  El colmo fue en 1987 cuando el Gobierno, por medio de LICONSA, importaba leche en polvo radioactiva, resultado del accidente de Chernobyl, simultáneamente arriesgando la salud de la población y destruyendo la industria lechera del país. ¡Ninguna empresa particular se podría permitir tales barbaridades sin sufrir las consecuencias!

Hacía falta entonces un cambio, una liberación, mayor responsabilidad para los productores y menos injerencia del Gobierno. Finalmente ocurrió, aunque tal vez menos por convicción de los políticos sino por el peso de la deuda y la presión de los socios comerciales a los que queríamos exportar productos manufacturados además de fruta y hortaliza. El 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercial de América del Norte. Una parte limitada de las importaciones de maíz, llamada cupos, sería libre. Sobre la otra parte se cobrarían aranceles que se reducirían paulatinamente de más de 200% (del valor de la mercancía) en 1994 a cero en 2008. Estas medidas transitorias se implementarían para balancear dos intereses: Por un lado, asegurar el abasto del grano para la alimentación humana y pecuaria y por otro, evitar una caída drástica del precio del maíz en el interior para así evitar un golpe demasiado fuerte a los productores de maíz.

Hoy tenemos un comercio libre de grano entre EEUU y México, las importaciones aumentaron, pero también aumentó la producción nacional, no solo de grano, sino y sobre todo de carne y leche. Aumentaron las exportaciones de frutas, verduras y pescado. Se desarrolló un mercado privado de insumos; ya no dependemos de las paraestatales agropecuarias (o ya no tanto, puesto que siguen algunas.)

Hace falta recordar la historia cuando ocasionalmente hay quién sucumba a la nostalgia. ¡Los viejos tiempos no eran buenos!

Fuentes:

http://www.cefp.gob.mx/intr/edocumentos/pdf/cefp/cefp0262005.pdf

http://dspace.cigilibrary.org/jspui/bitstream/123456789/454/1/US%20Mexico%20Corn%20Trade%20During%20the%20NAFTA%20Era%20New%20Twists%20to%20an%20Old%20Story.pdf?1 (Nota junio 2018: Enlace roto).

http://www.infoaserca.gob.mx/claridades/revistas/207/ca207-19.pdf

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Comentarios

  1. Epitacio Robledo dice:

    Lo que se está implementando en Puebla es un esquema de Corresponsabilidad. En el programa Peso a Peso del Gobierno del Estado con los Municipios se proporciona Fertilizante o Semilla o ambos a los productores pero no en forma de subsidio. Los productores firman un pagaré y lo pagan cuando cosechan… Hay que ir cambiando la forma de trabajar gobierno y productores.

  2. Interesante narrativa.
    Desafortunadamente el Gobierno a nivel Municipal, ya intenta retomar esquemas de dadivas, con fertilizantes, pesticidas y semillas. En ocaciones de dudosa calidad. Orillando de nuevo al productor a situaciones de improductividad.

    1. Beda dice:

      Gracias por tu comentario Lalo. Si tenemos políticos populistas (en lugar de populares) es porque votamos por ellos. Tengo la esperanza que gracias a los medios sociales estas prácticas se denuncian cada vez más eficazmente. Saludos,

  3. Jose Felipe Garza Jimenez dice:

    Poca gente esta enterada o ya se le olvido. Es bueno saber y recordar para fines positivos.

    1. Beda dice:

      Gracias por su comentario, Sr. Garza.